
Los adelantos científicos en anatomía, fisiología, y disciplinas afines, que cobraron mayor fuerza a partir de la segunda mitad del siglo pasado, han aportado al entendimiento de importantes procesos de la sexualidad humana, principalmente respecto a lo que en el ámbito de la sexología se conoce como “la respuesta sexual” que contempla diversas fases tales como excitación, meseta, orgasmo y resolución. Los avances y desarrollos, que a partir de entonces se han generado en la sexología, han constituido un aporte fundamental para el trabajo respecto a temáticas sexuales.
Existen también aportes que subrayan la temática del cuerpo y sexualidad desde otra mirada, contribuyendo a abordar de modo más integral la complejidad de la sexualidad. Estas contribuciones apuntan a dimensiones muchas veces menos objetivables de la vivencia sexual. Nos ayudan, por ejemplo, a entender qué puede influir en una sexualidad insatisfactoria cuando se descarta causalidades físicas o médicas en quien consulta.
Y es que no sólo a los músculos les puede hacer falta flexibilidad y ejercitación. Sino que encontramos, en ciertas ocasiones, rigidez que no es muscular sino relativa a nuestras creencias, pensamientos, imágenes y fantasías sexuales.
Un elemento fundamental en el cómo se vivencia nuestra sexualidad es la fantasía. El tema de las fantasías y su papel en relación a la sexualidad es un tema amplio y no libre de discusiones en el ámbito profesional, además de presentar particularidades según cada caso.
En términos didácticos podemos hablar de diversos tipos de fantasías, respecto a las cuales tenemos distinto nivel de conocimiento y dominio. Aquellas más arraigadas en lo inconsciente, que tienden más bien a dominarnos - en tanto no tenemos un conocimiento claro de ellas- pueden ser pensadas como “fantasmas”. Estos fantasmas usualmente influyen en el ejercicio de nuestra sexualidad de modo determinante pero poco evidente para nosotros mismos. Muchas de las disfunciones o problemáticas sexuales que observamos en la clínica tienen algún tipo de relación con estos fantasmas que no han sido debidamente trabajados o resueltos a lo largo de nuestra vida. Así mismo, no es infrecuente observar que son estos fantasmas no resueltos los que inhiben un desarrollo y ejercicio de fantasías sexuales que pueden eventualmente estimular y enriquecer la vida sexual.
Las fantasías sexuales que usualmente experimentamos de modo más nítido y consciente, que suelen estar relacionadas con la imaginación, o bien al “soñar despierto”, son también fundamentales en la formación del erotismo. Estas constituyen un espacio imaginario donde la ficción puede promover novedad, inducir la excitación, estimular el juego y potenciar el acto sexual.
Ahora, cualquier rigidez en torno a las fantasías, ya sea su ausencia o su exceso podría producir, en lugar de un enriquecimiento de la vida sexual, una dificultad.
Como ya hemos mencionado, las fantasías sexuales son un elemento importante para una satisfactoria vida sexual, además de ser un recurso frecuente en la sexualidad de las personas. A pesar de ello, se observa que algunas personas temen a sus fantasías, lo que usualmente dice relación con la idea de que querrán llevarlas a la conducta, y cuando estas fantasías transgreden lo que las personas se permiten a sí mismas se genera temor y culpa. Es por esto, que en ocasiones se inhibe la producción de fantasías, restringiéndose así, el repertorio sexual. Es importante señalar que no sólo se inhibe su comunicación con otros (la pareja por ejemplo), sino que su propia producción y desarrollo.
También encontramos en ciertos casos fantasías cargadas de ansiedad que muchas veces hacen fracasar la experiencia sexual. En el ámbito de la clínica sexual es frecuente observar fantasías plasmadas de ansiedad de rendimiento, donde el énfasis está puesto en el resultado y en las expectativas por sobre el disfrute del proceso.
En definitiva, en el contexto de la sexualidad y su ejercicio es tan importante estar en forma en la dimensión física de nuestra corporalidad, como en la dimensión de las fantasías que estimulan su erotismo.
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